Las naciones
del siglo XIX se construyeron a partir de características y elementos
compartidos por sujetos de un mismo origen
étnico que hablaban la misma lengua,
que profesan una misma religión y
que tenían una historia y una serie
de costumbres
y tradiciones que compartían. Todos estos elementos biológicos, históricos
y culturales generaron sentimientos de afinidad entre sujetos que desarrollaron
identidades colectivas conocidas como nacionalismos.
Durante la revolución
industrial y movimientos políticos, el nacionalismo alentó en cada país el
desarrollo de sus propias industrias y la adquisición de vías férreas,
alumbrado público y materia prima, entre otros insumos.